
Cuando la ludopatía no es una metáfora
Al hablar de ludopatía muchas veces tengo la sensación de que no terminamos de comprender el problema y la enfermedad que esto representa. Lo interpreto así cuando al hablar con colegas o al escribir algunas líneas para este blog nos llenamos la boca comentando sobre lo que la adicción al juego representa y los males que acarrea.
Me refiero a que en muchas oportunidades no hacemos más que repetir que la ludopatía provoca problemas sociales, familiares, personales; o que el jugador adicto es capaz de vender hasta su propia vida por seguir jugando. Sin embargo, la impresión que me queda es que al decir problemas sociales no hacemos más que representar una problemática que también puede ser causada por cualquier otra circunstancia, o cuando decimos que el ludópata es una persona que puede ser capaz de vender su alma para seguir jugando, muchos lo pueden interpretar como una forma metafórica, utilizada para decorar nuestros artículos.
Lo que intento decir es que me da miedo el solo pensar que nuestras palabras de alerta, y digo nuestras porque me refiero a nuestra voz como comunicadores junto a las de miles de personas y ONG que se dedican a ayudar y prevenir a los adictos al juego, sean tomadas justamente como eso, como simples palabras que intentan cumplir con el compromiso de escribir un artículo.
A partir de este, equivocado o no, razonamiento, siempre he creído que una de las mejores formas de lograr que al decir “La ludopatía puede llegar a matarte”, esto sea tomado en serio y no como una exageración, es contando casos reales, casos en los que las personas son de carne y hueso, y no parte de una ficción con la que muchos creen que jugamos al escribir una opinión como esta. Esas personas a las que basta “googlear” para saber que existen y que su problemática es real.
Por eso es que en alguna oportunidad le hemos realizado una entrevista a una mujer con dicha problemática, la cual pueden leer cuando quieran en este enlace, y esta es la razón por la que hoy quiero transmitirles otra historia real vinculada a la ludopatía, la cual también se ha hecho pública en muchos medios online, para que puedan corroborar su veracidad.
Juan Enrique Riquelme Figueroa, de 48 años de edad, era un próspero empresario de nacionalidad chilena que se encontraba en Argentina para saciar su sed de juego. Necesidad que lo llevó a perder en la ruleta de un casino, nueve millones de pesos en una semana. Los últimos recursos que él y su familia tenían.
Hace diez años que Juan viene perdiendo su patrimonio. Primero tenía un presupuesto destinado al juego. Luego se jugaba las ganancias de los locales que arrendaba. Después su sueldo; más tarde el automóvil y por último sus propiedades y la casa. Si hasta viajaba 400 kilómetros para jugar varias veces al año en el casino, con la excusa de ver a familiares.
Al día siguiente de esa fatídica noche de casino, Juan Enrique Riquelme Figueroa se quedó sin dinero para volver a Chile, y con muchas preguntas taladrándole su cabeza: “¿Qué le digo a mi familia? ¿Con qué alimento a mi hijo?…”
La ludopatía puede llegar a matarte y esto no es metáfora. Estate atento y busca ayuda, hay muchas personas dispuestas a darte una mano.
Fuente: Australtemuco
Foto: Maquinas tragamonedas por Andres Rueda en Flickr